Diseño: Daniela Hernández

Sara Vega, la historia de la mujer a través del cartel

Jue, 04/02/2026

El cartel cubano de cine es uno de los movimientos gráficos más reconocidos de América Latina. Durante un largo periodo de su historia, las mujeres estuvieron ausentes del diseño y la creación, mientras se desempeñaban en áreas como el vestuario, la edición o la asistencia de producción.  Esta periodista en ciernes se pregunta ¿Cómo ha sido este camino? Sin dudas, difícil. 

Sin embargo, no se puede hablar de esta historia a la ligera, por eso, en esta entrevista conversamos con Sara Vega Miche, investigadora y curadora, una mujer que a lo largo de los años ha realizado una tesonera labor para que el cartel cinematográfico cubano sea reconocido. Sobre todo, que esa expresión de nuestra gráfica perdure en el tiempo y se posicione en el lugar que le corresponde dentro de las artes visuales en Cuba. ¿Quién mejor que esta creadora y promotora incansable, para narrar la historia de las mujeres en esta manifestación de las artes?

Antes de la Revolución, ¿existían escuelas de diseño en Cuba? ¿Cómo se desarrollaba la propaganda y la publicidad?

«Antes del triunfo de la Revolución no existían escuelas de diseño en el país. La propaganda y la publicidad, específicamente los carteles, estaban vinculadas a los periódicos o se limitaban a anuncios sencillos. En este ámbito, las mujeres trabajaban como oficinistas, mientras que los creadores eran hombres.»

¿Cuál fue el papel de las mujeres en el movimiento del cartel tras la fundación del ICAIC? 

«Con la fundación del ICAIC surgió un movimiento que reunió a profesionales de diversos lugares, pero en ese período inicial todos eran hombres. Posteriormente, se incorporaron al taller los serígrafos y otros técnicos encargados de transformar los bocetos de los diseñadores al formato estándar (51 x 76 cm). Aunque la mayoría seguían siendo hombres, algunas mujeres comenzaron a trabajar como técnicas y una de ellas es Clara Duquesne, quien realizó un par de carteles.»

A pesar de que la igualdad estaba legislada, ¿las mujeres enfrentaron dificultades en la cinematografía cubana?

«Aunque la igualdad estaba legislada en la vida social, en la práctica era más compleja, sobre todo en una cinematografía con escasos recursos. Si había fondos disponibles, estos se destinaban a los proyectos liderados, generalmente, por hombres.  En este contexto, Sara Gómez logró realizar documentales excepcionales, convirtiéndose en la punta de lanza de un posible movimiento de mujeres cineastas que, finalmente, no fraguó debido a las circunstancias.
Lo que se vio reflejado, de igual modo, en la producción de carteles cinematográficos. Para entonces, los carteles del ICAIC gozaban de gran reconocimiento, pero los hombres seguían dominando el diseño, un ámbito para el que aún no existían escuelas de formación en Cuba.»

¿Qué sucedió cuando se crearon las primeras escuelas de diseño en el país?

«Cuando surgieron las escuelas de diseño, las mujeres se orientaron hacia otras especialidades, como mobiliario y estructuras para mejorar la vida en los centros de enseñanza. Tras la fundación del Instituto Superior de Diseño (ISDi), comenzaron a graduarse tanto mujeres como hombres, aunque el porcentaje seguía siendo disparejo: los hombres eran mayoría y, por tanto, contaban con un mayor número de oportunidades.»

¿Cómo afectó la crisis de finales de los ochenta a la producción de carteles?

«A finales de los años ochenta, la producción cinematográfica comenzó a disminuir y se redujo la importación de películas debido a la falta de recursos económicos. Esto provocó una crisis, ya que se dejaron de producir carteles para películas extranjeras, limitándose únicamente a los filmes cubanos, cuya producción también descendió. La generación fundadora del movimiento del cartel cubano envejeció o emigró, lo que generó un quiebre en la continuidad del trabajo de diseño.»

En ese contexto de crisis, ¿cuáles fueron las vias para revitalizar el taller?

«Antes de los años noventa, Alfredo Guevara convocó a nuevos creadores como Ernesto Ferrán, Francisco Colatti, Talco Pararonero, Eduardo Marín, Vladimir Diaguno y Manuel Marcel. Sin embargo, en ese grupo aún no había mujeres.»

¿Cuándo comenzaron a visibilizarse los diseñadores egresados de las escuelas?

«Con la graduación de los primeros diseñadores de la Escuela de Diseño, se organizó una exposición en 1999 a partir de un concurso para dar visibilidad a este nuevo talento que no era considerado debido a la escasa producción. En esa muestra, titulada "Carteles cubanos", solo participó una mujer: Ingrid Veguetta, autora del cartel de Memorias del subdesarrollo.»

¿Cuándo empezaron a incorporarse las mujeres diseñadoras de forma más notable?

«Con el paso del tiempo, se graduaron mujeres como Michelle Roland, Giselle Monzón y Daniela del Río, aunque seguían siendo una minoría. Realizaron carteles importantes, como el de Personal Belonging. Giselle Monzón pertenece a una generación más joven, perteneciente a los años 2000. Aun así, eran  muchos más hombres que mujeres colaborando con el ICAIC y la Muestra.»

«Posteriormente, Pablo Pacheco, vicepresidente del instituto en aquel entonces, se encargó específicamente de impulsar la producción de carteles. Aunque no había suficiente producción fílmica, se comenzó a convocar a diseñadores para realizar carteles no solo para películas cubanas, sino también para exposiciones, muestras, ciclos y conferencias, con el objetivo de dinamizar esta área del diseño.»

«La muerte de Pablo Pacheco coincidió con un momento en que el taller ya se encontraba muy limitado en cuanto a materia prima. El "profil", una técnica característica del cartel del ICAIC, desapareció del mercado porque dejó de importarse la serigrafía y su producción se volvió muy costosa. Esta situación generó un estancamiento y una pérdida de dirección, lo que llevó a la desaparición del taller. Ante la urgencia, se buscaron nuevas técnicas, como el uso de fotolitos, que reemplazaron al antiguo sistema basado en el profil.»

En esta primera parte de la entrevista, Sara Vega recorre los orígenes del cartel cinematográfico cubano vinculado al ICAIC, la conformación de sus talleres, las condiciones de producción a lo largo de las décadas y los cambios que atravesó el sector hasta la crisis de los años ochenta. Sin embargo, el relato no termina ahí. En la segunda parte de esta entrevista, Vega abordará cómo, a pesar de las dificultades, se mantuvo viva la tradición del cartel cubano, los cambios técnicos que redefinieron su producción y las estrategias actuales.