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El cine de mujer: una mirada desde Lucía

Mié, 04/01/2026

Cuando el lente enfoca el rostro de Lucía nos revela a una mujer de treinta y tantos años de edad, muy refinada, vistiendo trajes de finales del siglo XIX cubano. Su drama es el de la mujer que llegó muy tarde al amor y ahora lo paga con la vida. 
Algo revela en su mirada que la tragedia tampoco es solo suya, sino de todas las que, como ella, habitan en los márgenes de una historia que no las señaló como protagonistas.
Esa Lucía que vive en 1895, a la que Raquel Revuelta inmortalizó en la pantalla, podría llevar también el nombre de una artista excepcional: Evelia Joffre; una mujer que, mucho antes de que existiera un instituto de cine en la Isla había logrado lo imposible: dirigir un largometraje, cuando dirigir era solo un oficio de hombres. 
Su impronta había quedado solo como una excepción, un registro aislado en la historia del cine cubano. Mirtha Portuondo, en cambio, hacía animación fotograma a fotograma, construyendo mundos en la soledad de su estudio. Así como aquella Lucía del primer episodio construía castillos de naipes con su historia de amor.
Cuando en 1959 se funda el ICAIC, el cine parece más tangible, pero las cámaras siguen siendo un instrumento masculino. En 1962, Rosina Prado alcanza a rodar el documental "Ismaelillo". Esta sería la primera mujer en dirigir una película en la nueva institución revolucionaria. 
Pero volvamos a Lucía. 1932: una mirada dice todo sin necesidad de palabras. La revolución estalla contra el dictador Machado y fracasa; ella se queda con las manos vacías. Atrapada entre la lealtad a un esposo inexperto y la certeza de que su papel ha sido siempre secundario. 
La actriz sería Eslinda Núñez, al cabo Premio Nacional de Cine en 2011; es el rostro que inmortaliza a la segunda Lucía. Cuando en un momento su rostro se congela, en un gesto de desilusión contenida, hay en el rictus una multitud de féminas.
Mujeres de cine que son representadas por sí mismas. Mujeres de una sólida obra audiovisual: Rebeca Chávez, Marisol Trujillo, Miriam Talavera. Sus nombres circulan en grandes festivales, sus películas ganan premios. Pero en las décadas del sesenta, setenta y ochenta no podrán llegar a hacer largometrajes de ficción.
Esa es la puerta. Para ellas está casi cerrada. En los primeros treinta años del Icaic, solo dos féminas logran atravesarla. La primera, Sara Gómez, quien lo intenta con el filme "De cierta manera". Una película que habla de la marginalidad habanera, de la raza, de la clase, de las mujeres en general. 
Sara filma, monta, pelea. Pero la muerte la alcanza con treinta y nueve años de edad, cuando la película es casi una obra hecha. Como si la Lucía de Eslinda, con su desilusión a cuestas, no pudiera librar sola su propia batalla.
Luego llegaron los noventa. La crisis económica en la Isla paraliza la industria. El cine cubano se duele, sobrevive como puede. Las mujeres como la segunda Lucía presencian el derrumbe de los viejos cánones, los viejos tiempos. Decenas de realizadoras esperan su turno.
Pero el tiempo es una apuesta. La tercera Lucía llevó el rostro de Adela Legrá. No era una actriz profesional: la descubrieron un buen día y esa naturalidad se nota en cada gesto. En ella habita una energía salvaje, que ningún método de actuación podría crear o hacer surgir. Su lucha no es contra un ejército extranjero ni contra una dictadura de ladrones, sino contra el machismo extremo, encarnado en la vida en pareja: contra los prejuicios que llegan envueltos en tradición. 
Ella camina, y se percibe que algo cambia. Irrumpe sin pedir permiso. Y algo de esa energía poseen las cineastas que descubre el siglo XXI en Cuba. Las que se forman en la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños, las de FAMCA. Las que llegan con sus cámaras, ya mucho más livianas y con ideas diversas; con una certeza que otras no pudieron tener. No era tiempo.
Carolina Nicola estrena su primer largometraje en 2001. "Así de simple" es el primer largometraje de ficción filmado en Cuba de manera independiente por alguien que vive en la Isla, y la primera película realizada por una mujer en los últimos 20 años.
Marilyn Solaya filma "Vestido de novia" en el año 2014, y coloca el debate acerca de la identidad y la racialidad en el centro de una década. Magda González Grau, Patricia Ramos, Jessica Rodríguez; cada una añade un nombre y una estética a una lista que durante décadas fue casi nula.
Y junto a ellas, documentalistas, fotógrafas y animadoras, que sostienen una tradición que no se hizo con poco. Susana Barriga filma la intimidad familiar con una mirada distinta: que no juzga pero no perdona. Yemelí Cruz e Ivette Ávila ensanchan fronteras del documental y la animación, con obras que viajan por múltiples eventos. Y son muchas ya, y no están solas. Muchos son los colectivos de creación integrados por mujeres y las mujeres que, en la actualidad, cumplen roles dentro del cine más allá de los tradicionales. 
La tercera Lucía, la de Adela, termina su episodio andando, junto al esposo, en un final que no resuelve su conflicto. Queda así la sensación de que emanciparse es proceso, no destino. Las cineastas cubanas de hoy caminan también ese largo pero provechoso y bello camino del éxito. 
Ya hacen largometrajes de ficción, pero menos de los que en realidad debieran y ellas pueden. Las estructuras de producción todavía arrastran vicios viejos. Pero ya no es una excepción, no es susurro, ya no es una espera eterna con el rostro insatisfecho por la desilusión.
Raquel Revuelta, Eslinda Núñez, Adela Legrá: las tres Lucías, cada una con su tiempo, cada una con su lucha. Y, detrás de ellas, mujeres, como un eco que se prolonga: mujeres del cine cubano. Son tres rostros y tres tiempos. Una sola historia.

Consulta el Audiovisual en: https://youtu.be/-sDBP4F6qg8