NOTICIA
Un Quijote soviético y universal
En plena Feria del Libro, resulta significativo que la Muestra de Cine Ruso en los cines Yara y La Rampa, haya descorrido sus cortinas con Don Quijote, la clásica novela del español Miguel de Cervantes (llamado con propiedad el "Padre del idioma").
En este caso fue realizada en 1957 por Grigori Kózintsev (Babilonia, Hamlet, El Rey Lear, Belinski...), uno de los más prestigiosos y prolíficos directores de la antigua URSS y basada en la adaptación de Yevgueni Shvarts sobre la obra original. Fue presentada en el Festival de Cannes de 1957 y estrenada en los Estados Unidos en 1961, época en la que también fue exhibida en Cuba.
Como sabe todo lector medianamente informado, El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha quiso apenas fungir como una sátira contra las novelas de caballería que habían sido muy populares en la época, pero ya habían caído en desuso cuando se publicó el libro en 1605, como inaugurando y saludando el flamante siglo XVII.
Sin embargo, devino todo un monumento literario, una catedral escrita en la segunda parte de los llamados " Siglos de Oro”, un emblema del barroco que abarcaba el resto de las artes (arquitectura, música, teatro...).
Debajo de la aguda crítica al envejecido canon sobre caballeros andantes que deshacían entuertos, magos, gigantes y encantamientos, late la reflexión sobre la naturaleza humana, sus ruindades y contradicciones; lo sublime de ideales que chocan contra la mezquindad y bajeza de la " vida real" ; las injusticias del mundo, la ingratitud, la intolerancia y crueldad de los hombres.
Alonso Quijano, el alienado caballero de la Triste Figura y su más práctico, iletrado pero inteligente escudero Sancho Panza, constituyen a la vez las dos caras de un hombre ideal, justo, necesario pero a la vez obsoleto y demodé.
Las aventuras de los dos aguerridos justicieros que Cervantes plasmó magistralmente entre el humor y la seriedad en un equilibrado registro tragicómico, han conquistado más de una vez la pantalla grande con mayor o menor fortuna, desde el período silente ( de 1898 probablemente date la primera versión por Gaumont, y varias a inicios del siglo XX, entre ellas una del fundador Meliés) hasta las más recientes ya en plenos 2000, incluyendo un Quijote 3D chino, pasando por ilustres adaptadores como Orson Welles, Alex Guinnes, Manuel Gutierrez Aragón, Roberto Gadalvón y hasta del coreógrafo y bailarín Rudolf Nuyérev, porque en efecto, las andanzas de los tenaces aventureros han conquistado a través del tiempo los más diversos países, estilos y manifestaciones artísticas, incluyendo el animado, las series de TV y el documental.
La lectura de Kosíntsev se integró a fines de los años 1950 con solidez cinematográfica y altura estética a la saga, entregándonos una puesta fluida, que recreó magistralmente los principales episodios del referente literario ( la lucha contra los odres de vino y los molinos de viento, la estancia en la pensión campestre, el " gobierno" de Sancho en la ínsula Barataria, la liberación de los presos malvados e ingratos, las apariciones de Dulcinea, el disfraz del bachiller que retorna al aventurero finalmente a su casa donde muere...).
La fidelidad en el vestuario, la reconstrucción epocal, la vivacidad y precisión de la fotografía, la agilidad del montaje y las rigurosas actuaciones (Nikolai Cherkasov como Don Quijote,Yuriy Tolubeyev en un simpático Sancho, seguidos por un profesional y competente elenco) permiten que, a casi 60 años de su estreno, esta cabalgata de los eternos justicieros nos llegue en toda su fuerza y esplendor.
Lástima solo que la versión que recibimos sea doblada al español en vez del original ruso con subtítulos, aunque el contexto español en que tiene lugar la historia atenúa esa siempre molesta característica. Pero clásicos son clásicos, y esta película que nos recuerda lo mejor del cine soviético tan visitado por los cubanos en décadas anteriores, también, como la novela, se inscribe sin dudas en ese panteón.