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Martí y el cine: El hombre, la historia y su contienda
Una vez más la víspera y el amanecer del 28 de enero es motivo de festejo para el pueblo cubano, el que toma las arterias principales de cada provincia, las escuelas, las bibliotecas, las instituciones, los talleres masónicos y todos los lugares en que haya una estatua, busto o insignia, para brindar una flor en homenaje al natalicio del “Héroe Nacional”, José Martí. La efeméride no solo es símbolo de renovación del compromiso patriótico, también sirve de causa para traer al presente a una figura universal que hilvanó desde su obra, actos independentistas, manera de pensar e historia, un proceder en contra de cualquier tipo de opresión, cualquier dimensión que busque amedrentar al ser humano y su libertad.
Martí, como sujeto protagonista de la historia de Cuba, es signo de identidad. Sus pensamientos, contemplados en sus obras y discursos, interpretados en otros múltiples formatos para disímiles plataformas, son pauta constitutiva de líneas de pensamiento que rigen modos de actuar y comprender los sistemas sociales y filosóficos, siempre visto desde una poética encumbrada.
Por su manera de pensar y actuar, el Apóstol, ha sido objeto de inspiración en el arte, recreado de diversas maneras, corrientes culturales y estilos que reflejan una exégesis del sujeto en particular. En el cine cubano la figura de Martí ha sido tratada con profundo respeto y admiración, mostrando su importancia en la formación de la nación.
El séptimo arte lo ha representado en sus diferentes modalidades genéricas, las que, en su recreación y tratamiento, no discurren unas de otras. Por el contrario, se complementan en la búsqueda de descubrir su esencia como patriota, en la exploración del ser humano y en la captura de su legado como líder, pensador y poeta.
Una de las obras que transformaron a la figura histórica en protagonista de las grandes pantallas fue Páginas del Diario de José Martí (1972), dirigida por José Massip (El Mégano, Baraguá, Por qué nació el Ejército Rebelde), quien ya había abordado al Héroe Nacional con Los tiempos del joven Martí (1960).
Páginas del Diario… representa varios de los pasajes relatados en el diario de campaña del Apóstol. En el filme se expresa un Martí solemne que se distingue por su capacidad intelectual y por ser el principal organizador de la Guerra Necesaria de 1895. La ficción se enfoca en abordar al sujeto como impulsor de ideas independentistas, tras la absoluta necesidad de lograr un enfrentamiento armado fructífero ante el régimen español y la crisis sobre el territorio cubano.
Massip, casi como un detallista de la crónica releída, construye un José Martí altruista, humilde y cercano. Advocado en una causa justa que lo superaba como hombre: la libertad de un país, de un pueblo oprimido y sin esperanza. Esto, que parece el objetivo del hombre y su contienda, se vuelve el tema central de la película: la búsqueda del bien común desde los brazos (dígase, esfuerzo y sacrificio) del héroe del pueblo.
Por su parte, Fernando Pérez (Clandestinos, Hello Hemingway, La Pared de las Palabras), en José Martí: El ojo del canario (2010), redescubre a un Martí desde una postura que rompe con la ideologización histórica. Esto asumido desde la construcción de una película biográfica contrahegemónica muy melodramatizada, la que se asienta primeramente en la infancia del sujeto y después en su temprana juventud.
Ambos períodos están encausados para modelar las formas y vías que condujeron a desarrollar la posición patriótica e independentista del joven José Julián, a partir de sus avistamientos, estudios y condiciones políticas y económicas de sus cercanos. Pérez humaniza al Apóstol al mostrar sus intimidades e incertidumbres, pilares que forjaron su carácter y posteriormente su compromiso con la libertad de Cuba.
La distancia de la representación tradicional del héroe posibilita entrever a un joven sensible y espiritual, contrapuesto a las injusticias, lo que presenta, con una mirada otra, a una figura accesible. José Martí: El ojo del canario es una cinta de alto poder simbólico que deconstruye la personalidad del héroe antes de cursar su viaje hacia lo desconocido (previendo el principio del viaje posterior a su liberación del Presidio Modelo).
El cine, a su vez, emplea la figura del Apóstol para educar a las nuevas generaciones. Múltiples de sus obras han sido llevadas al animado con tal de mantener vivos valores universales una vez escritos por Martí. Los Estudios de Animación ICAIC establecen una relectura de los vasos comunicantes de las obras de José Martí en sus películas, con tal de aportar una mirada fresca desde otro formato para el atractivo de un nuevo tipo de público. Por citar un ejemplo: Meñique (Ernesto Padrón, 2014), considerada la primera película en 3D de Cuba, refresca el relato adaptado por Martí en La Edad de Oro del cuento Pulgarcito de Édouard Laboulaye.
Dicho brevemente, José Martí continúa siendo un sujeto que inspira la producción audiovisual y de otros estilos artísticos por su riqueza. Ha sido tratado con una combinación de admiración y reflexión crítica. A través de la ficción y el documental se ha explorado su vida llegándose a una visión matizada de su proyección, obra y legado. Su constante redescubrimiento es muestra de conciencia sobre la historia y la identidad nacional, manteniendo, a su vez, su impacto en la cultural.

