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Lo verdaderamente sagrado
El relato de un padre de familia amoroso, que a su vez pertenece a una institución represiva, se ha visto en varias ocasiones en la historia del cine. Sin ir muy lejos, recuérdese el reciente filme británico Zona de interés (The Zone of Interest, 2023), de Jonathan Glazer. Entonces, lo novedoso puede ser el contexto y la manera de enfocarlo. La semilla de la higuera sagrada (The Seed of the Sacred Fig, 2024), coproducción entre Alemania, Irán y Francia, del realizador iraní Mohammad Rasoulof, es un buen ejemplo de cómo lograr variaciones novedosas de una temática manoseada por el cine.
Acá se narra la historia de un fiscal de instrucción, tierno, cariñoso y respetuoso con su esposa y sus dos jóvenes hijas. Sin embargo, justo en el momento en que estallan las protestas en Irán debido a la muerte de la joven Mahsa Amini, quien fue arrestada por no llevar correctamente el velo en público, algo prohibido en varias sociedades islámicas, el hombre se ve en el dilema de impartir justicia contra jóvenes involucrados en la revuelta y lidiar con la presión que sus hijas comienzan a ejercer sobre él cuando algunas de sus amigas de estudios son arrestadas.
Con esta premisa, Rasolouf construye una película intensa de principio a fin, donde a pesar de su largo metraje cada plano nos está diciendo algo. Aún aquellos de aparente quietud en el subtexto traslucen la situación de tensión que se vive en el núcleo familiar por causa de la división ideológica provocada por el espinoso problema.
Lo primero que hay que resaltar del cuidado guion escrito por el propio realizador es que logra huir de cualquier maniqueísmo propio de las películas de denuncia. Tanto víctimas como verdugos son presentados con los más acendrados matices y los personajes protagónicos están construidos con una notable densidad psicológica.
Si las actuaciones protagónicas son orgánicas y convincentes lo son más los diálogos, situaciones y reacciones de los protagonistas. El fiscal es un hombre esencialmente bueno, pero atrapado en su relación con el poder, lo que le permite su cómodo estatus, extensivo a su familia. Su cobardía tiene más que ver con perder su posición que con convicciones religiosas o por lealtad a la institución que representa. Es precisamente ese afán, comprensible humanamente por demás, lo que le lleva a la deshumanización.
Su esposa asume sin complejo su rol de cónyuge mantenida y por tanto de sujeción a su esposo como lo dictan los cánones de las sociedades islámicas. Su reacción viene dada cuando ve a sus descendientes en peligro. De hecho, el filme toma nota de que otras mujeres que aparecen colateralmente en la película también aceptan sin reparos los parámetros de una sociedad sexista como la que viven. Por último, las dos jóvenes se comportan en principio indiferentes ante los dramáticos sucesos que se viven a su alrededor, pues se sienten ajenas en su acomodada vida. Únicamente cuando son arrestadas algunas de sus amigas y luego las ven golpeadas es que toman conciencia. Y es entonces cuando se percatan mediante videos en las redes sociales de lo que está ocurriendo. En una de las mejores secuencias del filme se contrasta el rostro de las muchachas con la dimensión de la respuesta policial, que nada tiene que ver con el relato de su padre al respecto.
Buena parte de la película gira en torno a la desaparición de la pistola del fiscal, un hecho nada fortuito que deviene metáfora esencial polisémica de lo que se nos quiere contar: lo mismo como expresión simbólica del poder doméstico en el caso del protagonista, pues las mujeres de su familia le deben una obediencia apoyada en la fuerza y la intimidación; que como lectura de una construcción propia de los contextos sexistas de extensión fálica.
Película que puede ser considerada entre lo mejor del año pasado, La semilla de la higuera sagrada conquistó varios premios en la edición del 77 Festival de Cine de Cannes, como el FIPRESCI y el premio del Jurado Ecuménico, y fue nominada a mejor película internacional en la reciente entrega de los Premios Oscar.
Tomado de Cartelera Cine y Video, número 232