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Joker: Folie à Deux: Luces y sombras

Sáb, 01/25/2025

El estrepitoso fracaso en taquilla de Joker: Folie à Deux (2024) arroja luces sobre el mecanismo comercial que se maneja en la industria hollywoodense, que no escatima una inversión destinada a obtener grandes beneficios económicos a costa de la calidad artística, explotando historias consumadas para conseguir dinero en detrimento del desarrollo creativo.
Este error lo pagó la apuesta de continuación de Joker (2019), de Todd Phillips, y tuvo su reacción negativa. En primer lugar por parte del público y su bajo nivel de afluencia a las salas de cine, y en segundo, por la crítica especializada, que ha plasmado su incomodidad hacia el filme en los medios de comunicación.
La secuela de Phillips de su versión personal del famoso payaso maquiavélico de DC Comics pretendía ser una obra mayor, al alimentar el universo de Arthur Fleck. No obstante, la película posee una trama incompleta y desconcertante, montada como un musical que explora el amor y el autodescubrimiento en la frontera entre el género policíaco y el terror psicológico.
El filme ha sido lapidado por su guion flojo, su ritmo lento, que estorba las pocas escenas emocionantes que tiene, las incoherencias del personaje principal, al contradecir su postura anárquica declarada en la primera entrega, entre otros elementos. Sin embargo, y sin ánimos de exonerar sus fallas apreciables, Joker: Folie à Deux posee a su vez virtudes que la hacen disfrutable.
La innovación genérica, al incorporar elementos de musical en el thriller, es una apuesta osada que aporta una nueva perspectiva a la manera de construir historias basadas en cómics. Esta hibridación de géneros redimensiona y crea una diferencia estilística con otras películas de superhéroes.
Es notable también en este ejercicio de terror musical el diseño de sus personajes, que relucen por su desempeño y la química en pantalla. Joaquín Phoenix (Gladiator, Her, Napoleón) ofrece una vez más un Joker sólido, desdoblado en la caracterización de cada uno de los torcidos perfiles de su rol. Interpretación que profundiza en las intimidades de este antivillano, en sus carencias y anhelos, en los deseos de sus dos personalidades y en la perenne búsqueda de libertad de los dogmas sociales que lo han recluido a lo largo de su vida.
El emparejamiento con Harley Quinn, papel interpretado por una llana Lady Gaga (Machete Kills, A Star is Born, House of Gucci), no solo supuso un elemento de interés, sino que contribuyó al desarrollo del protagonista, y abrió, desde la interacción obsesivo-romántica, una posibilidad de redención para este en la espera del juicio por haber despertado el caos en Ciudad Gótica y sus otros actos criminales como Joker.
Lógicamente, la secuela mantiene entre sus virtudes esa visualidad impactante que revela toda una atmósfera de deterioro y decadencia, tanto en la ciudad como en la prisión en donde Fleck pasa la mayor parte de su tiempo en pantalla. El matiz sombrío de las escenas está muy en sintonía con los estados mentales del payaso. Incluso llega a alterar las secuencias musicales, al punto de invadir con tintes lóbregos las piezas que recrean cierto tono de felicidad en homenaje al amor descubierto entre todas las penas y a la ansiada libertad como meta añorada.
A pesar de no alcanzar la magia de la primera entrega, Joker: Folie à Deux ofrece una experiencia multifacética que profundiza en la identidad de uno de los villanos —en su redefinición por Phillips— más interesantes del cine contemporáneo. La exploración de la locura y la personalidad múltiple, en los márgenes del amor y desde un ambiente opresivo, enriquece el universo creado por el realizador, si bien se emplea una narrativa con pocos momentos de tensión y la falta de un clímax emocionante que deje al espectador con una sensación de satisfacción plena.