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Halina Reijn y su intento de transgredir

Lun, 03/24/2025

Pese a su corta filmografía como realizadora, Halina Reijn tiene cierta experiencia en elaborar filmes que abordan el sexo vinculado a la conducta obcecada del ser humano, desarrollados en contextos casi burgueses en la contemporaneidad norteamericana. Aunque tiene una mirada sensacionalista y arriesgada, la directora les otorga un tratamiento atrevido a sus conflictos, jugando con los límites entre lo que puede llegar a perturbar y la impudicia descarnada, tanto del comportamiento como de los encuentros íntimos de sus personajes.

Su primer largometraje, Instinct (2019), aborda el romance tóxico entre una psicóloga y un agresor sexual, cuya relación rompe los márgenes de la razón y cuestiona las normas sociales ordinarias. Sin embargo, con la comedia negra de horror Bodies Bodies Bodies (2022), basada en el guion homónimo de Kristen Roupenian, Reijn realizó un cambio de temática para adentrarse principalmente en examinar la clásica contraposición del bien y el mal en un entorno poco seguro debido a la misma perversión humana.

Con Babygirl (2024), última entrega de la actriz devenida directora, retoma los trillados caminos del deseo sexual obsesivo, la manipulación y la identidad con una actualización enmarcada en el universo del empoderamiento femenino. En el largometraje busca desarrollar una tesis sobre la liberación sexual concatenada con las dinámicas de poder, mientras coloca a su protagonista en un estado constante de culpa y cuestionamiento sobre su propia forma de ser y vivir.
La trama no toma mucha distancia de filmes como White Palace (Luis Mandoki, 1990) o La pianista (Michael Haneke, 2001), en las que una mujer es sacada de su zona de confort rutinaria, en ocasiones hasta monótona, por la presencia de un joven hombre que practica actividades sexuales extremas.

Romy (Nicole Kidman) es una empresaria ejecutiva de una compañía de robótica en Nueva York que se ve al punto de arriesgar su carrera y su estabilidad familiar por entablar un romance intenso con su becario Samuel (Harris Dickinson). El joven la arrastra poco a poco a la relación extramarital al comenzar a dominar su comportamiento e influir sobre sus verdaderos deseos carnales.

Sucede que Romy es una mujer con carencias en la relación con su esposo Jacob (representado por un Antonio Banderas que termina siendo lo mejor de la cinta). A pesar de mostrar una imagen fuerte y segura en su entorno laboral, la insatisfacción en el sexo y la monotonía en su día a día la han llevado a ser una mujer vulnerable y llena de dudas. Estas debilidades la vuelven un objeto de deseo para Samuel, que comienza a someterla amaestrándola con pequeños y sugerentes obsequios hasta el punto de manipular cada una de sus acciones.

La película no rehúye temas controvertidos, pero se queda en la epidermis al no desarrollar a cabalidad las motivaciones y deseos de sus personajes, lo que dificulta su comprensión. Además, tanto Romy como Samuel se mantienen en el registro habitual que poseen los roles arquetipos del agresor-agredida, manipulador-manipulada, ya conocidos en otras cintas.
Babygirl es una apuesta audaz que resalta por su abordaje de temas provocadores y su empleo de diversos recursos visuales y simbólicos para complementar la trama y aportar significado a los sucesos y comportamientos de los protagonistas. Sin embargo, está distante de ser una película perfecta, ya que algunas de sus áreas podrían haber sido mejor exploradas.
Tomado de Cartelera Cine y Video, número 232