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Ecos del pasado
En la cinta A Real Pain (2024), David y Benji son dos primos que asisten a un tour en Varsovia con el objetivo de conocer el pasado de su abuela recién fallecida, quien fuese un pilar fundamental en la historia de su familia. Lo que pareciese una experiencia turística se convierte en una invitación a retomar el tiempo perdido entre ellos y a comprenderse como seres humanos, afrontando el dolor y el sentido de pérdida, mientras descubren un lugar que es símbolo de resurrección tras la devastación y de esperanza detrás del caos.
Para David y Benji la visita a Polonia es un viaje de revelación y autorreconocimiento. La exploración sobre su pasado familiar en el hogar en el que vivió, creció y del que huyó su abuela durante la Segunda Guerra Mundial les sirve a los primos como expiación de su conducta y su manera de proceder en la vida.
Esta experiencia que los jóvenes llevan a cabo pone a prueba sus diferencias, las cuales no solo se ven acentuadas por sus personalidades distintas, sino también en su manera de observar y comprender tanto la historia de la ciudad como su cotidianidad actual. Jesse Eisenberg, actor principal, guionista y director de A Real Pain, confeccionó dos personajes dispares que se mantienen en total colisión durante la hora y media de duración del filme.
David es un hombre de familia, reservado y sensible que admira discretamente a su primo Benji (interpretado magistralmente por Kieran Culkin), quien, a diferencia de aquel, es un joven extrovertido e impulsivo, de apariencia regada que no tiene pelos en la lengua para decir lo que piensa. Entre ellos surgen sentimientos encontrados a través de la expresión de sus vulnerabilidades compartidas.
Cada evento que se desarrolla en la trama es un ejercicio de análisis y confrontación de los traumas y la memoria colectiva de la parentela de estos primos. La película atraviesa una dimensión más allá del examen de la herencia judía y el legado del holocausto, aunque el argumento parta desde este punto. Se posiciona en la exégesis sobre la influencia del pasado en el presente para matizar la evolución de los personajes, a la vez que se enfrentan a un pedazo de historia totalmente desconocida para ellos y se redimen del peso acumulativo de las divergencias arrastradas desde su infancia.
La fuerza narrativa del guion radica en su poder incisivo y reflexivo dentro de la relación de estos primos al atravesar una serie de eventos construidos a dos tonos: comedia algo cínica y atrevida y drama melancólico que no pierde el toque esperanzador. En su construcción existe un equilibrio narrativo al representar el perdón, el dolor, la memoria y la búsqueda de una identidad propia como temas principales abordados.
El empleo (algo excesivo) de diálogos captura la esencia de dos personas que buscan respuestas en medio de la incertidumbre, a la vez que potencia momentos de resiliencia, entre la recreación del dolor y la confusión. Esto, ambientado con constantes simbolismos en la arquitectura de la ciudad y el contraste de luces y sombras que enriquecen la narrativa y aportan intensidad emocional a la lucha interna de los personajes.
En el cierre de A Real Pain, David y Benji regresan a su vida con una nueva manera de entender su identidad en un mundo de posmemoria y su posición ante el legado familiar, conscientes de que el proceso de perdonar y aprender del sufrimiento es continuo.
Si bien esta conclusión, ausente de sentimentalismo excesivo y con un pragmatismo absoluto, resuena profundamente en la exploración de las emociones humanas, deja varias interrogantes. ¿Es posible alcanzar una reconciliación completa, así se aborde el dolor generacional? ¿Parten de la historia realmente todas las heridas del presente? Eisenberg termina modelando una obra alegórica de la vida que suma hipótesis a la propia complejidad humana en su devenir histórico y contemporáneo.
Tomado de Cartelera Cine y Video, número 232