Cantar los 80s, un viaje al ADN cinematográfico de Cuba a través de la trova

Cantar los 80s, un viaje al ADN cinematográfico de Cuba a través de la trova

Mié, 08/05/2026

 "Cantar los 80s", es un proyecto musical liderado por los trovadores Ariel Díaz y Pedrito Beritán que ha venido ganando espacios en La Habana y otras provincias con una propuesta tan sencilla como efectiva: dos guitarras, dos voces y una selección de canciones que pocos interpretan hoy en día, pero que todo el mundo reconoce en los primeros acordes.

El repertorio de la peña se ha centrado especialmente en aquellas piezas que formaron parte de la banda sonora del cine y la televisión cubanas de esa década: "El amor acaba", de Osvaldo Rodríguez, popularizada por la película "Se Permuta"; temas de Manolo Camejo, del dúo Pulso, considerados revolucionarios para su tiempo por su sonoridad cercana al pop; "Alguien llama", de Donato Poveda; "Romanza de una verdad" y "La vida es un juego" de Kiki Corona; "No es tiempo de cigüeñas", de Carlos Varela; "Confesiones de jockey", de Paisaje con Río; "Donde crezca el amor", de Ángel Quintero; "Nos estamos quedando solos", de Manolo Camejo; "El pararrayos", de Alejandro García (Virulo); "En espuma y arena" de Pedro Luis Ferrer, y "Si tú te vas" de Juan Formell, entre otras.

A ellas se suman varias obras imprescindibles de los grandes de la nueva trova cubana, como Silvio Rodríguez, Pablo Milanés, Noel Nicola y Amaury Pérez, cuyas canciones también formaban parte del paisaje sonoro de aquellos años y la década siguiente.

Uno de los aspectos más interesantes del proyecto es el formato escogido: dos guitarras acústicas llevan las canciones a su mínima expresión, despojándolas de los arreglos orquestales o electrónicos que tenían en sus versiones originales. Esta apuesta, que podría parecer arriesgada, tratándose de temas concebidos para el cine o la televisión, con producciones muchas veces elaboradas, ha resultado ser uno de los mayores aciertos del espectáculo.

Cuando una canción se reduce a dos guitarras y dos voces, su esencia queda al descubierto. Si la composición es sólida, funciona. Y en el caso de esta propuesta, el público ha sido testigo de que las canciones —muchas de ellas, escritas por autores con oficio y sensibilidad— resisten perfectamente ese examen. La ausencia de los arreglos originales no las debilita; al contrario, revela la solidez de sus estructuras armónicas y la fuerza de sus letras. Lo que comenzó como una idea gestada durante la pandemia, con una grabación casera compartida mediante un grupo de WhatsApp, se ha convertido en un espectáculo que ha recorrido diversos escenarios habaneros y de otras provincias. 

El proyecto se ha presentado en espacios como Vivartes 23, a las afueras del ICAIC, Pabellón Cuba y La Manigua, en el Vedado capitalino; también en La Luna Naranja, en Santa Clara. Cada presentación ha ido nutriendo el repertorio, pues el público no ha tardado en pedir otras canciones que se han ido incorporando a los conciertos sucesivos. Esa interacción convierte a "Cantar los 80s" en un fenómeno vivo y en constante evolución, donde la complicidad con los asistentes es parte fundamental del espectáculo y lo ha erigido en una especie de puente generacional. 

Las canciones que se interpretan no han sido escogidas al azar; en su mayoría son temas que apenas se escuchan hoy en los circuitos musicales. La idea ha sido rescatar un repertorio que descubre, para que quienes no vivieron los años ochenta, cómo es que sonaba Cuba. Y ahora el resultado ha sido una acogida que trasciende las edades y funciona para todos. Quienes vivieron los 80s reconocen las canciones, las asocian inmediatamente con momentos, películas o programas de televisión concretos. Quienes no nacieron entonces, descubren un repertorio que, más allá de su valor nostálgico, posee también la calidad compositiva que lo ha hecho ser vigente.

Interpretar canciones ajenas no resulta un gesto menor para dos trovadores con obra propia ya reconocida, como Ariel Díaz y Pedrito Beritán. Sin embargo, este proyecto ha sido asumido por ellos sin prejuicios de ningún género, abordando por igual temas de grandes trovadores, boleristas o compositores de música popular, y adaptándolos a "la manera nuestra", como ellos han definido; revisitadas a dos guitarras y dos voces, demostrando su vigencia y su capacidad para emocionar. 
No se trata de nostalgia, sino de reivindicar un patrimonio musical que, en su versión más desnuda, sigue latiendo con fuerza entre cubanos de diferentes edades.