NOTICIA
Ángeles Cruz: un puente entre realizadoras de Cuba y México
Ya comenzaba a sofocar el calor en La Habana cuando en las redes de la Casa del Festival del Nuevo Cine Latinoamericano, la Embajada de México y Cubacine Icaic anunciaban el encuentro público con la directora de cine Ángeles Cruz. Aunque ya se había a dado conocer su personalidad en la Conferencia de Prensa que se transmitió en vivo desde la Sala Héctor García Mesa, la idea de conocer su historia era realmente cautivadora.
La Sala Saúl Yelín tenía puertas y ventanas abiertas, hubo que buscar algunas sillas de más, porque las que estaban previstas no alcanzaron para periodistas, productores (as), directores (as), estudiantes y trabajadores del ICAIC en general. Cerca de las 10:00 a.m. ya todos ubicaron un espacio en el auditorio e inició la historia de una mujer, que es también historia de un pueblo.
La actriz, directora y guionista mexicana Ángeles Cruz ha estado vinculada al cine durante aproximadamente 20 años. Ha llevado sus tradiciones indígenas y las de su comunidad al arte convirtiéndose en una autentica voz en el gremio.
Salió de su comunidad natal para estudiar actuación y por más de 15 años interpretó personajes llenos de estereotipos. Continuó sus estudios y regresó al lugar que la vio nacer para desde ahí contar sus propias historias, esta vez como directora de cine, para así calmar, de alguna manera, aquellas inquietudes que surgieron mientras reencarnaba otras vidas en el mundo de la actuación.
Ángeles Cruz no podría contar historias de amor mientras destruyen el cerro de su pueblo natal, por lo que siempre termina abordando aquello que la atraviesa como persona. No puede evitar narrar la realidad en la que vive.
Es que el arte en general funciona así, no se puede hablar de algo que no importa. Hay que observar el entorno y convertir la información que te brinda en un punto crítico, un momento de decidir qué hacer con ella, cómo transformarla y cómo dejarse transformar.
«La primera vez que entré a una sala de cine, tenía 16 años y aún vivía en la comunidad, al salir me sentí distinta. Deseo que mis películas logren ese efecto: que algo cambie, por mínimo que sea, o que provoquen un pequeño reflejo o reflexión que lleve a otro lugar», cuenta.
Para ella en el cine se nota mucho desde dónde se mira, si se hace con una mirada horizontal, si lo que sucede nos atraviesa, o si solo es una ocurrencia vista desde arriba, como un objeto de consumo. Y la mirada no se puede evadir, ni se puede evitar la realidad que se vive. Reconoció que hay quienes hacen otros contenidos y películas comerciales, que también es una forma de expresión audiovisual.
En su caso, lo que tiene enfrente es lo que no puede dejar pasar. Su circunstancia es una comunidad pequeña donde están presentes el machismo, la misoginia, el despojo del territorio, los duelos, la muerte, pero también existe el amor a la naturaleza, el respeto a las tradiciones, la cultura, todo un universo y seguirá narrando desde ahí.